Consejos al inicio del camino

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Recomendamos el estudio de La Aventura de Escribir, que relata la trayectoria de catorce escritores cristianos, sus primeros pasos, los desafíos y los logros, las lecciones que han aprendido y los principios que ofrecen a otros.

Algo llamativo son los diversos inicios en el oficio de escribir representados en el texto. Algunos, como Marta Márquez, encontraron su don por la poesía a temprana edad. En cambio, el reconocido teólogo Emilio Antonio Núñez cuenta con noble franqueza: “Cuando mi hermano mayor tenía diecisiete años de edad, me leyó poemas de su cosecha. Un día me atreví a mostrarle algunos de mis primeros intentos literarios. Con amable franqueza me dijo: “Tu versificación no es convincente; pero te animo a cultivar la prosa.” Le agradecí el consejo y me comprometí a seguirlo”.

Otros optaron por la ficción, siguiendo una versión cristiana de la óptica de Mario Vargas Llosa, quien postula “la teoría de la rebeldía y la inconformidad con el mundo real” como punto de partida de la vocación de un escritor que se dedica a crear ficciones. Para otros, como Lucas Leys, es una pasión por comunicar a una generación necesitada: “Sueño con que sigan levantándose escritores que se comuniquen inteligentemente con las generaciones venideras, porque siempre los libros fueron un arma de cambio, de desarrollo y de revolución. Es fantástico escribir, porque hay una energía que se libera cuando creamos. Así como en tus huellas digitales hay un trazado único y particular, tú puedes hacer con lo que escribas una marca que nadie más puede hacer.”

Prosa o poesía, creación artística o comunicación urgente: ¿cómo se inicia el camino? Luego, ¿cuáles son las disciplinas que ayudan a formar a un buen escritor? Como dice Samuel Escobar: “Para empezar, se trata de las disciplinas de pensar con claridad, y de utilizar adecuadamente las herramientas del trabajo intelectual. Para relatos, como para crónicas o ensayos, es decir, para varios géneros literarios, reunir los datos es el primer paso. Ello demanda tener ojos abiertos a la realidad diaria. Hay aquí dos momentos: en el primero el escritor reúne datos, como poseído por una curiosidad insaciable. En el segundo, el escritor usa su dominio del lenguaje para contar lo que ha visto y oído.”

Lo cierto es que escribir es el trabajo principal, pero es indispensable ser leído. Así que antes de profundizar en el cómo ser publicado, empecemos por el principio.

1. Antes de comenzar, nos debemos preguntar:

– ¿Sobre qué quiero / puedo escribir?
Enfoquemos nuestra atención en nuestras capacidades y limitaciones. Pensemos si somos expertos en alguna área o si tenemos una historia que debe ser contada.
– ¿Qué quiero comunicar?
Reflexionemos en el mensaje único que poseemos para nuestros lectores.
– ¿A quién?
Analicemos si nuestras palabras son dirigidas a niños, adolescentes o adultos; a hombres o mujeres; a alguna creencia religiosa particular o a un público universal; a casados o solteros; a pastores o laicos; a expertos o principiantes; etc.
– ¿Para lograr qué resultado?
Cuando nuestros lectores terminen de leer nuestro escrito, ¿qué esperamos que se lleven con ellos? ¿Un rato de entretenimiento, preguntas más que respuestas, respuestas más que preguntas, algún pasaje bíblico o alguna ilustración?
– ¿Cómo lo voy a hacer?
El género y el estilo son fundamentales. Una de las primeras preguntas de un editor será: ¿Qué clase de novela o qué tipo de libro es? ¿Cuál es mi plan?

Sugerimos los siguientes pasos:

1.Haz un listado de temas.
2.Define el lector, su necesidad y los beneficios esperados.
3.Redacta la idea central en un párrafo.
4.Da una estructura a los temas en torno a esa idea.
5.Investiga: Organiza el material y las fuentes.

2. Ten tu audiencia en mente

Como un pastor que tiene en mente a su congregación mientras prepara el sermón, debemos tener en mente a nuestro público. Ayuda, entonces, tener una idea clara de un posible lugar de publicación mientras escribimos. Son muchos los posibles canales de publicación. La progresión natural es empezar con los espacios locales que tenemos a mano, quizás con cosas pequeñas: la experiencia nos ayudará a crecer.

  • Publicidad, afiches y folletos
  • Periódicos murales en el centro de estudio o lugar de trabajo
  • Boletín de la iglesia o un ministerio
  • Periódicos seculares y cristianos
  • Revistas seculares y cristianas
  • Proyectos de educación cristiana
  • Proveedores de estudios bíblicos y devocionales
  • Actas de reuniones (¡alguien tiene que escribirlas!)
  • Sitios web
  • Blogs
  • Manuales de servicio

Se pueden encontrar más sugerencias en www.littworld.com

Lo importante es ser fiel a la visión y escribir. Mario Vargas Llosa le dice a un joven novelista: “Nadie puede enseñar a otro a crear; a lo más, a escribir y leer. El resto, se lo enseña uno a sí mismo tropezando, cayéndose, y levantándose, sin cesar”. Dice Peter Abelard: “Contra la enfermedad de escribir uno debe tomar precauciones especiales, ya que es una enfermedad peligrosa y contagiosa”.

La mayoría de los escritores escriben por el placer de hacerlo. Virginia Woolf escribió en su diario: “La verdad es que escribir es el placer más profundo; el ser leída solo es superficial”. Quizá otros escriben como W. Somerset Maugham: “No escribo porque quiero hacerlo; escribo porque debo”. O como William Faulkner, los cuentistas y los novelistas llegan a la conclusión de que: “Si una historia está en ti, tiene que salir”. Finalmente, en palabras de Benjamín Disraeli: “Cuando quiero leer un buen libro, lo escribo”.