¡Enciende un libro!

Por Beatriz Buono, 2024

Ejercitarnos en la lectura tiene repercusiones espirituales. Leer es un don divino, un acto intelecto-espiritual del que sólo es capaz el ser humano entre todos los seres vivos. Los cristianos no debemos pasar por alto que la revelación de Dios está contenida en un libro, la Biblia. Este hecho debería ser suficiente para convertirnos en buenos lectores de las Escrituras, en primer lugar, pero también de otros libros que nos ayuden a comprender mejor la Palabra y el contexto en el que vivimos.

“Aprender a leer es, después de la adquisición de la lengua, la transformación más maravillosa que puede experimentar un ser humano mientras nuestros ojos recorren unos diminutos signos impresos sobre papel. La mente como en un segundo piso va creciendo y recreando el pensamiento: descifra símbolos, analiza y sintetiza, abstrae, relaciona y decodifica…reconstruye así el lenguaje que otro escribió. La capacidad de leer no solo permite acceder a diversas fuentes de información, sino que también potencia la reflexión, la empatía y el entendimiento de realidades distintas.” (Educador mexicano Pablo Latapí).

Diseño sin título

 

Leer no es cuestión de tener tiempo, sino de aprender a apartar tiempo para hacerlo. Si no leemos es porque nos parece una actividad que no vale la pena frente a otras opciones, como por ejemplo, ver televisión a través de un servicio de cable o hacer streaming de contenido o estar con el celular… Se calcula que en promedio entre TV, vídeos y juegos en línea, un adolescente pasa 3000 horas por año frente a la pantalla.

Vivimos en una época en la que, parece que, todo obra en contra de las cosas que más valoramos. ¿Qué fuerza está operando en nuestra sociedad para ayudar a nuestros hijos e hijas a permanecer fieles a los principios que la Biblia establece sobre la pureza sexual, la honestidad, la lealtad y el desarrollo del carácter?  La lectura, en tanto que como un don de Dios: refresque nuestra memoria, nos haga pensar, permita que revisemos la realidad que nos rodea, y nos ayude a crecer intelectual y espiritualmente, será atacada. Por eso, desafiémonos a leer.

Agradezco cada vez que alguien me recomienda un buen libro. “Beatriz ¿leíste Una Nueva Libertad, de Mike Snowdon, de editorial Andamio?”. Es un manual de entrenamiento sobre cómo usar la Biblia para afrontar la vida. Aprenderás cómo Jesús te guía para abordar cualquier tema: los estudios, el dinero, el sufrimiento, la violencia, el sexo y la identidad.” Gracias Martín, no lo conocía.

¡Compartamos nuestros testimonios de cómo nos ha bendecido la lectura de un libro! Principios para el éxito, de Daniel González (editorial Certeza Argentina), me ayudó a reconciliarme con la palabra éxito, al encontrar que la Biblia SÍ la menciona más de una vez: ‘Y salieron a campaña los jefes de los filisteos; y cada vez que salían, David tenía más éxito… (1 Samuel 18:30).’ La lectura de este libro me sacó de una mentalidad de falsa humildad hacia una búsqueda intencional por descubrir cuál era el propósito de Dios para mi vida (Cristian). Gracias Dios por valerte de libros que transforman pensamientos y nos ayudan a crecer.

¿Qué libros estás leyendo? Si todavía no te iniciaste en este hábito en forma regular, comienza hoy:

  1. Separa por lo menos 15 minutos diarios, apaga las pantallas, enciende un libro y que nada ni nadie te haga suspender la lectura.
  2. Visita la biblioteca de tu Iglesia o de tu colegio, centro de estudios
  3. Habla con tu pastor o tu líder de educación cristiana o tu líder de grupo pequeño, pídele que te recomiende un plan de lectura a tu medida
  4. Acércate a la librería cristiana de tu barrio o haz una búsqueda en las páginas de las editoriales cristianas.

Pelea esta buena batalla en el nombre de Cristo, con la guía del Espíritu Santo y para gloria de Dios.

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